Este es el nombre que Le Corbusier le puso a su proyecto en el que trazó las plantas y alzados de un hipotético sector urbano, en el que se esbozaba una clara diferencia entre la arquitectura de los sectores residenciales y el centro administrativo y de los negocios. Fue uno de los primeros esbozos que abogaban por la separación efectiva de los usos residencial y financiero.

Vista del centro financiero desde una de las avenidas principales | Scielo.cl

La ambición del arquitecto suizo era inventar y construir una nueva ciudad acorde a las exigencias y el esplendor potencial de la nueva civilización surgida tras la revolución industrial. La mala suerte es que esa ciudad ya existía: Manhattan.

La tarea de Le Corbusier está clara: antes de que pueda parir la ciudad de la que está embarazado, tiene que demostrar que todavía no existe. Para establecer la primogenitura de su retoño, tiene que destruir la credibilidad de Nueva York, acabar con el glamuroso destello de su modernidad. A partir de 1920, lucha simultáneamente en dos frentes: hace una campaña sistemática de ridiculización y difamación contra el rascacielos norteamericano y su hábitat natural; y, al mismo tiempo, lleva a cabo la operación paralela de proyectar realmente el anti-rascacielos y el anti-Manhattan.

Para Le Corbusier, los rascacielos de Nueva York son unos “juegos de niños, un accidente de la arquitectura. Imaginen ustedes un hombre que fuera víctima de una perturbación misteriosa de su vida orgánica: el torso se conserva normal pero las piernas crecen tanto que se vuelven diez, veinte veces más largas”. Los rascacielos son los contrahechos “adolescentes de la era de la máquina, manejados de un modo absurdo como resultado de unas ordenanzas de edificación románticas y deplorables”: la Ley de Zonificación de 1916.

“En la era de la velocidad, el rascacielos ha petrificado la ciudad. El rascacielos ha reinstaurado al peatón, solo a él […]. El peatón se mueve con inquietud a los pies del rascacielos, pequeños como un piojo al pie de la torre. El piojo se eleva en la torre; es de noche en esa torre oprimida por las otras torres: tristeza, depresión… Pero en lo alto de esos rascacielos más altos que los demás, el piojo se torna radiante; ve el océano y los barcos; está por encima de los otros piojos”.1

Inspirada en la Cité Industrielle de Tony Garnier (1904-1918), la Ciudad Contemporánea para tres millones de habitantes que ideó Le Corbusier estaba mucho más desarrollada que casi todos los proyectos de ciudades anteriores, pero se encontraba encajonada entre la utopía y la antiutopía. Era más una ciudad impersonal y autómata que una verdadera ciudad diseñada para acoger seres humanos y llena de vida.2

Planta y perspectiva del proyecto | Skynetblogs.be

Numerosos críticos calificaron su proyecto como un sucesión de plantas y alzados sin escala, que no respondían a ningún enclave concreto, posándose “sobre un territorio desprovisto de cualidades urbanas o topográficas”. El arquitecto suizo protagonizaba de esta manera un alejamiento efectivo tanto de la experiencia americana como de la tradición europea. Una vez liberado de condicionantes de ningún tipo podía redefinir el entorno adecuado para sus ambiciones y sueños.3

Por una lado, la zona residencial estaba formada por bloques compactos y de baja altura a los que estaban acostumbrados en Europa y, por el otro lado, en el centro financiero de la ciudad proyectaba los centros de trabajo como rascacielos de base cuadrada inmersos en una cuadrícula verde.4

Para dichos rascacielos Le Corbusier proponía un modelo estándar de edificios cruciformes de unos sesenta pisos, separados unos 300 metros entre sí y rodeados de vegetación. Creo aquí unos volúmenes basados en la extrusión indiscriminada que a su vez permitían, eso sí, maximizar la superficie soleada, la eliminación de los patios y el contacto mínimo con el suelo.5

Vista del centro financiero desde uno de los ejes principales | Peristilo.wordpress.com

Sobre estos edificios el arquitecto escribió que podrían albergar hasta 36 apartamentos por planta (unos 2160 en todo el inmueble) si bien, a la hora de presentar su teoría, comentaría sobre los rascacielos que “tales construcciones deben estar consagradas exclusivamente al comercio y por consiguiente levantadas en el centro de las grandes ciudades”.6

Y, ciertamente, el rascacielos de Le Corbusier significa tan sólo negocios. Según Rem Koolhaas su falta de basamento y de remate, así como su desmedida sobreexposición al sol, inherente a la forma cruciforme de la planta,7 descartan la ocupación de otro tipo de vida que no sea los nuevos monstruos financieros nacidos al calor de la bonanza económica de los años veinte en Manhattan. Los muros de vidrio de su rascacielos horizontal (como así se dio en llamarlo) encierran un completo vacío cultural.

El arquitecto presento su nuevo modelo de ciudad en noviembre de 1922, con motivo de la exposición del Salón de Otoño de París. Por todas sus características y por su gran definición supuso todo un hito en la historia de la arquitectura en general.

Maqueta del proyecto | Phylacterium.wordpress.com

En los paneles utilizados se mostraba una ciudad de geometría cartesiana inscrita en un rectángulo atravesado por dos anchas avenidas perpendiculares y cuatro más diagonales a estas. El esquema separaba claramente el centro administrativo y financiero del resto, residencial y productivo.

Volvería a insistir con sus ideas con la publicación, en 1925, de su libro Urbanisme. En el abogaba por un barrio de los negocios central, formado por veinticuatro rascacielos cruciformes de acero y vidrio “capaces cada uno de albergar de 10.000 a 50.000 trabajadores”. Las áreas residenciales de la franja exterior podían acoger hasta unos 600.000 habitantes en sus villas y bloques. Toda la ciudad estaba salpicada de zonas verdes y espacios públicos que actuaban como pulmón y mecanismo de aireamiento.

El proyecto de Le Corbusier revelaba un trabajo particularmente profundo, sobre todo en cuanto a las numerosas secciones con que lo acompañó. La ciudad incluía cinco niveles subterráneos, más un pasaje para peatones situado un nivel por debajo de la primera planta residencial. Estos niveles variados debían acoger diferentes categorías de transportes y se servicios, incluida la red de metro existente, hundida a una gran profundidad.

Maqueta del proyecto | Phylacterium.wordpress.com

El arquitecto reconocía que el rascacielos era el único salvador del conjunto, la única solución posible. Justificó su decisión de incorporarlos en el centro con todo tipo de detalles. Cada uno de los rascacielos podía llegar a albergar hasta 50.000 personas, proporcionando una densidad de 8.000 habitantes por hectárea, en una zona liberada en un 95% de su superficie. Por ello, el centro financiero se convertiría en “un gran espacio abierto de 2.400 por 1.600 metros ocupado por jardines, parques y avenidas”.8

Sus mismo dibujos dejaban entrever la impersonalidad del modelo, con unas calles que estarían prácticamente vacías. Salvo para acceder a los coches estacionados en la banda mediana, los peatones apenas tendrían razones para aventurarse por ella. Toda la circulación que atesta la ciudad sería alejada de las calles hacia las vías subterráneas o hacia los corredores que se elevarían por encima del suelo original para llegar hasta los bloques residenciales.9

Aun con todo, el proyecto presentaba una fuerte coherencia urbanística que no consiguió desviar las críticas de su fuerte desvinculación entre el contenido arquitectónico y la realidad social. Cumplía los estándares modernos de racionalización, equilibrio entre edificios y zonas verdes, el reparto de densidades y la separación de actividades; pero, en el otro lado de la balanza, estaba la decisión clasista de dividir la población entre proletariado y la élite ciudadana, identificada aquí con los rascacielos.10 Esta fatal división de las circulaciones entre los amos y los sirvientes llevarían a Le Corbusier a abandonar por imposible su proyecto, de momento…


1. Rem Koolhaas. Delirio de Nueva York. Un manifiesto retroactivo para Manhattan. Traducción de Jorge Sainz. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2004, p. 249-250
2. Kenneth Frampton. Le Corbusier. Ediciones Akal, Madrid, 2002, p. 34
3. Iñaki Ábalos y Juan Herreros. Le Corbusier: Rascacielos. Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 1987, p. 13
4. Javier Quintana de Uña. Sueño y Frustración: el Rascacielos en Europa, 1900-1939. Alianza Editorial, Madrid, 2006, p. 73
5. Javier Quintana de Uña. Sueño y Frustración: el Rascacielos en Europa, 1900-1939. Alianza Editorial, Madrid, 2006, p. 75
6. Javier Quintana de Uña. Sueño y Frustración: el Rascacielos en Europa, 1900-1939. Alianza Editorial, Madrid, 2006, p. 75
7. Rem Koolhaas. Delirio de Nueva York. Un manifiesto retroactivo para Manhattan. Traducción de Jorge Sainz. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2004, p. 253
8. Javier Quintana de Uña. Sueño y Frustración: el Rascacielos en Europa, 1900-1939. Alianza Editorial, Madrid, 2006, p. 78
9. Kenneth Frampton. Le Corbusier. Ediciones Akal, Madrid, 2002 p. 34-36
10. Javier Quintana de Uña. Sueño y Frustración: el Rascacielos en Europa, 1900-1939. Alianza Editorial, Madrid, 2006, p. 76

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7 Comments

  1. Mi acercamiento a Le Corbusier viene de la mano de varios estudios de mercado que estamos llevando a cabo sobre comparación de zonas comerciales en diferentes ciudades de la provincia de Alicante; curiosamente toda la zona costera de la Comunidad Valenciana ha sido masacrada por un urbanismo vertical, tal vez en la linea de Le Corbusier pero totalmente alejado de ese espiritu marxista del que habla el articulo, tenemos pues mayor interés en Microresearch, en la distribución de las zonas de ocio y de las zonas de paso que en las propias zonas residenciales. Queremos desde Microresearch hacer una reflexión de la distribución de las zonas comerciales dentro de la ciudad, tal vez enfrentar a esa visión de Le Corbusier donde aparecen una zona de ocio (comercial), una zona de trabajo (industrial) y una zona residencial, con la visión a pequeña escala de la “Teoría de los Espacios Centrales”, aplicada a la ciudad de Christaler, donde se alternan equitativamente en el espacio zonas de trabajo, zonas de ocio/consumo y zonas residenciales.
    Las preguntas que nos hacemos es ¿que tipo de comercio tiene ventajas en un modelo y en otro?, ¿la concentración del ocio y el consumo en espacios determinados termina fomentando o retrayendo el consumo?

  2. La verdad es que a mi me parece más funcional la teoría de los lugares centrales. Sin duda su aplicación crea una ciudad más equilibrada y no tan separativa como la de esta teoría de Le Corbusier (que también tiene otras…).

    Con respecto a las preguntas que planteas, creo que los sectores comerciales van enfocados al tamaño de la zona a la que sirven. Si se llevara a cabo la ciudad planteada aquí, las zonas comerciales y de ocio deberían estar en proporción a toda la ciudad. Si, en cambio, aplicáramos el modelo que comentas parece lógico pensar que, al servir a una zona inferior, dichos sectores deberían disminuir su tamaño.

    Por último, yo creo que concentrar ocio y consumo redunda en un mayor gasto. No hay más que ver la proliferación de grandes superficies que nos venden y nos entretienen en cualquiera de las principales ciudades españolas.

    Un saludo y gracias por el comentario

  3. edgar says:

    “CIUDAD CONTEMPORANEA PARA 3,000,000 DE HABITANTES, LE CORBUSIER” = CALLES DEMASIADO ANCHAS Y PATIOS DESPROPORCIONADOS Y ESPACIOSOS = AUSENCIA DE CONTROL TERMICO DE VIENTOS Y ASOLEAMIENTO = PROBLEMAS DE CONFORT = DEMASIADO CALOR EN VERANO Y DEMASIADO FRIO EN INVIERNO (SEGUN ESTACIONES DEL AÑO Y LUGAR A PROYECTAR) = AUMENTO DE CALEFACCION ARTIFICIAL = EXCESIVO GASTO ENERGETICO = INSOSTENIBLE EN LA ACTUALIDAD

  4. Cierto. La preocupación por la vida, el urbanismo y las edificaciones sostenibles vino mucho después, con las primeras crisis del petróleo. Y aun queda mucho por hacer.

    Un saludo

  5. Manuel Aguilar says:

    El primer síntoma de preocupación por la vida en las construcciones se presentó solo tres años después. Hilberseimer, con su proyecto de ciudad vertical, ya presentaba algunas intenciones de soleamiento y ventilación.

  6. Agustina says:

    Javier:
    Nos interesamos en la forma en que escribís los artículos del blog y los temas que abordás, ya que estamos investigando sobre las ciudades modernas y como fueron modeladas (somos estudiantes de arquitectura de la Universidad de Buenos Aires).
    Nos encontramos con el problema de que el tema es practicamente inabarcable, entonces nos acotamos a poner en crisis la parte práctica (materialización) de las teorías, tomando como referente a Le Corbusier y su concepción de Ciudad Moderna y en qué falla la teoría cuando se pone en práctica, cuando se construye.
    Nos interesa tu opinión al respecto de esto, saludos

    • Javier Aisa says:

      Con Le Corbusier es fácil, ya que sus planteamientos los considero completamente contrarios a mi ideología “urbanística”. Por mucho que se hayan empeñado los grandes urbanistas y arquitectos de siempre en planificar ciudades a gran escala y hasta en su más mínimo detalle, creo que se ha demostrado sobradamente que ese no es el camino. Por lo general, las ciudades que más éxito tienen y que mejor funcionan son las que, por definición, han sido más caóticas en su desarrollo.

      Por muy brillante que sea un urbanista, es imposible que sepa cuáles son todas las necesidades de los millones de habitantes que utilizan una ciudad en su día a día. Por eso, en mi opinión, cualquier planteamiento que intente ordenar y regular todos los aspectos de la urbe (desde la forma de los edificios o sus usos hasta el trazado de la red viaria) está llamado a fracasar.

      Le Corbusier pecó de esto en sus proyectos, imaginando ciudades excesivamente regladas y cuadriculadas, supeditadas por completo al uso del automóvil y a una separación de usos que se ha demostrado completamente contraria al desarrollo orgánico de cualquier ciudad en la que merezca la pena vivir. En urbanismo, la variedad es completamente necesaria.

      Gracias por leer el blog y un saludo desde el otro lado del Atlántico.

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